Sin cesar

 

Nadie de los que estábamos en una alegre reunión familiar el día 7 de marzo,  podíamos imaginar que al siguiente sábado comenzaría un confinamiento obligado, bajo decreto ley.

Todos hemos vivido esta situación con miedo, con impotencia, incertidumbre e interrogantes de diferente tipo según la situación familiar, sanitaria, laboral, económica…….Era penoso comprobar que los difuntos y contagiados por la COVID-19 aumentaban continuamente. Parecía que la pandemia provocada por el coronavirus, iba alargándose incesantemente.

Los responsables de la Sanidad, la Enseñanza, la Economía y las diferentes entidades tomaron las decisiones oportunas. Y cada uno de nosotros permanecimos en nuestras casas intentando vivir el día a día de la mejor manera posible. Los niños con sus clases online, catequesis de igual manera, misas parroquiales online o en TV, conferencias, lecciones y entrevistas virtuales, trabajadores en teletrabajo…..y así fue pasando el tiempo en espera de que las curvas de difuntos y contagiados descendieran y volviéramos a lo normal.

Mientras, nuestros pastores nos animaban a tener esperanza, a no cesar en la oración, a reconocer los errores y aprender humildemente de ellos, a liberarnos del virus de la indiferencia, a preguntarnos del sentido de la vida y sobre el modo en que la estamos viviendo. Y a que “todo lo vivido y sufrido sea como una llamada a volver nuestra  existencia hacia Jesucristo”.

Cardenal J.J. Omella.

Nos alegraron las curvas descendentes, pero la pandemia sigue sin cesar. Una nueva oleada trae nuevos contagios, nuevos brotes, nuevos riesgos, la incertidumbre continúa.

Seamos conscientes, actuemos con responsabilidad, oremos y pongamos nuestra mirada en Jesús. (Hb12,2).

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